En las últimas semanas, España ha vivido una creciente presión política alrededor de varios escándalos que han salpicado al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y al propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Aunque muchos de estos casos abarcan desde acusaciones de presunto encubrimiento de comportamientos impropios hasta denuncias por acoso y corrupción, uno de los ejes centrales ha sido el manejo interno de denuncias y la respuesta institucional del partido gobernante.
Críticas directas al PSOE y a Sánchez
La secretaria política de Podemos, Irene Montero, ha sido especialmente crítica con la gestión de estos casos desde la perspectiva del PSOE y del propio presidente:
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Acusación de protección interna: Montero ha señalado que el PSOE y Pedro Sánchez habrían intentado proteger a altos cargos implicados, como el exasesor Francisco Salazar, hasta que el escándalo saltó debido a la presión mediática. Según ella, esto revela una doble vara de medir dentro del partido y evidencia que el feminismo y la lucha contra el acoso se aplican solo cuando hay atención pública intensa.
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Crítica al manejo de protocolos: En sus declaraciones, Montero ha acusado al PSOE de retrasar o evitar la aplicación del protocolo interno frente a denuncias de acoso, insinuando que no se actuó de forma rápida ni preventiva frente a las denuncias presentadas por trabajadoras de Moncloa.
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Evaluación del feminismo del PSOE: La dirigente de Podemos ha ido más allá de las cuestiones técnicas y ha llegado a afirmar que, para el PSOE, el compromiso con los valores feministas puede ser algo “intermitente o superficial”, lo que, en su opinión, demuestra falta de coherencia política.
Críticas políticas más amplias
Las observaciones de Montero no solo se centran en la legalidad de los casos, sino también en el impacto político general:
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Desconfianza en el liderazgo de Sánchez: Más allá de los casos específicos, Montero ha expresado abiertamente una falta de confianza en Pedro Sánchez y en la dirección actual del PSOE, afirmando que los socialistas forman “parte del problema” en la actual crisis política que vive el Gobierno.
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Contextualización de la corrupción: En actos públicos y discursos políticos, Podemos ha situado estos casos no como hechos aislados, sino como síntoma de un problema mayor: la existencia de prácticas clientelistas o corruptas dentro de las élites del PSOE, que para Montero merecerían explicaciones claras y responsabilización política. En algunos casos mediáticos del pasado reciente, fuentes afirman que Montero llegó a describir escándalos como algo más amplio, llamándolo incluso “el caso PSOE”.
Repercusiones en la coalición de gobierno
Estos posicionamientos de Montero ocurren en un contexto de tensión dentro de la coalición de gobierno entre PSOE y Unidas Podemos / Sumar. Otros socios como Yolanda Díaz han exigido también una mayor “regeneración democrática” y cambios estructurales en la forma en que el Ejecutivo responde a este tipo de crisis.
Además, la presión política desde la oposición —incluyendo demandas de comparecencias y posibles plenos extraordinarios en el Congreso— ha intensificado el debate público y la demanda de transparencia respecto a estos asuntos.
Conclusión
La opinión de Irene Montero sobre los últimos casos de corrupción en el PSOE no se limita a una crítica técnica de acciones puntuales, sino que representa un ataque político más amplio al liderazgo de Pedro Sánchez y a la manera en que el PSOE ha gestionado tanto las acusaciones internas como su credibilidad pública. Para Montero, estos casos reflejan una falta de coherencia entre los discursos progresistas del PSOE y sus actuaciones internas, poniendo en duda la eficacia de su compromiso con la lucha contra la corrupción y el acoso.
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